¡ACLARACIÓN, DESCARGAS!: Los links de descargas direccionan a la página Adfly, esperar 5 segundos en Adfly y dar click en "Saltar Publicidad" o "Skip Ad" y te direccionará a la página de descarga...

viernes, 27 de septiembre de 2013

Comandante en la Guerra de las Almohadas

.

Comandante
en la Guerra de las Almohadas






Por: Casitadebarro
“Decidir una vez cada tantos años qué miembro de las clases dominantes ha de reprimir y aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”.

Vladímir Ilich Lenin

Cuando los fundadores del marxismo levantaron su lucha bajo la consigna: “Proletarios de todos los países, uníos” pretendían con ello romper ese cerco invisible que la dictadura burguesa hábilmente nos ha tendido, esto es, la división y fraccionamiento de la clase sometida y la imposición de banderas falsas apelando a mezquinos nacionalismos carentes de ideología.

 

“Divide y Reinarás” dice la máxima. La vigencia de un sistema donde el reconocimiento mutuo de su homogeneidad entre el obrero del primer mundo y el campesino de la periferia les resulta imperceptible para ambos. Un Estado que hace apología de la armonía de clases y una superestructura que invisibiliza el antagonismo entre explotadores y explotados, prevaleciendo un himno o una bandera sobre la clase. En donde el obrero ecuatoriano no se sienta identificado con el campesino peruano, ni el minero chileno con el maestro mexicano; y que al contrario, bajo el milagro de la misma bandera tricolor, en el Ecuador, juntos banqueros, obreros, mendigos y burócratas canten al unísono y tomados de la mano: “Patria, tierra sagrada” y hermanados bajo una misma remera deportiva, ya sea ésta de Barcelona o de Emelec. Así funciona el juego.
 

“La lucha de clases es algo ya superado” manifiesta la “nueva izquierda” desde sus cómodos sillones burocráticos, entre tanto, sus líderes, en su mayoría vástagos de alguna prestigiosa academia burguesa de primer mundo, y figuras prominentes de la burguesía o pequeña burguesía se toman Latinoamérica por asalto de tarima en tarima, a la conquista de una masa desprevenida y lánguida, que con aquel ritual musical, mágico y ya célebre, que tantos frutos electorales les ha concedido enciende pasiones hasta el delirio: “De tu querida presencia Comandante Che Guevara…” suena placentera una gloriosa y contagiosa melodía, hasta que en un “…Hasta siempre Comandante” termina súbitamente el credo, y la escogida y selecta muchedumbre –que ya sueña con el dinerillo prometido por su dramática actuación a lo Laura en América– entra en trance: los mudos hablan, los cojos andan. Alguien se rasga la remera sin control, otro eleva unas palomas de la paz al cielo claro. María hace un juramento que se lo llevará el viento, y Pedrito, rosario en mano como todo ferviente católico que cree en la bondad de taitico dios, baña su rostro en un mar de lágrimas… Pero el ritual no llega a su clímax, más cuando los mesías comienzan a autoproclamarse comandantes tarima arriba. El primero le concede el grado de Comandante al segundo, con medalla y honores, y éste hace lo mismo con el primero, como vendiendo patatas en el mercado, como si del bono de la miseria se tratase. Ellos, que desconocen el valor del mérito, creen con su mentalidad de usureros que todo puede comprar su dinero: incluso el honor.
 

Ya pasó el tiempo cuando el Comandante brotaba de la lucha, al calor de las balas y al sonido de las trompetas, con el valor y el altruismo como medallas, y el sacrificio como consigna. Ahora, llegan al mundo desde las tarimas con la desvergüenza como único mérito, y la ideología de los partidos nace entre cuatro paredes de alguna empresa publicitaria.
 

“Comandante Chávez” “Comandante Correa” se bautizan uno al otro entre risitas afeminadas y cánticos, masturbándose con la espada de Bolívar, pasándosela de mano en mano…
 

Guevara ya no es más el marxista revolucionario, su mensaje al mundo a través de la Tricontinental desde la selva boliviana ya ha sido superado –celebra la nueva izquierda con bombos y platillos–: “Crear dos, tres, muchos Vietnam. En cualquier lugar del mundo que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”. Ya no hay más mensaje, ni ideología ni guerrillero heroico. La nueva izquierda, con el aplauso complaciente de la derecha –ambas con el mismo rostro–, se ha encargado de inmolar su pensamiento reduciéndolo a un estampado ridículo, y su nombre a protagonista de canticos cursis en boca de burócratas sinvergüenzas.
 

Allá quedan La Sierra Maestra, Vietnam y Ñancahuazú, testigos del sacrificio del hombre en su lucha por la libertad, perdidos entre la niebla del olvido. Hoy, las lujosas oficinas burocráticas donde se firman los contratos con las multinacionales petroleras y las telefónicas que le ponen precio al país son el escenario de combate con los dólares como armas y la cobardía como virtud, donde Carlos Slim es el galán de la telenovela, y el Ecuador la inmoral puta de la fiesta. De “la larga noche neoliberal” vociferan, como de un penoso y viejo recuerdo, de un tiempo ya extinto. En el museo de la prehistoria yace ya, apolillado y aprisionado como Prometeo: El Ecuador maldito, el de los malos, el de la partidocracia, el de ayer, el que ya no existe más. “Vivimos un cambio de época, no una época de cambios” dirá nuestro brillante estadista, dejando su mente visionaria y profética sorprendiendo a medio mundo, mientras la pobreza se agudiza como un virus mortal, y la delincuencia y corrupción campean por doquier al ritmo de “La Patria ya es de todos” por supuesto.
 

Pero volvamos a la tarima. Entre las risitas y cánticos aparecerán los temas trascendentales a tratar –porque al país hay que rendirles cuentas dirán los demócratas–, infaltables, claro está. Si ayer con Bucaram fue la guatita, hoy será el ceviche o el arroz con pollo, los temitas de primer nivel que robarán risitas forzadas entre el público perdido y miope. De cualquier tema estúpido y pueril se desprenderá una reflexión filosófica para que su majestad, desde su lindo trono angelical, pueda hacer derroche de su sapiencia y carisma, impartiéndonos así, una cátedra de cultura general como a niñetes de kinder.
 

“Si no puedes negar malas noticias, inventa otras que las distraigan” decía un genio nazi. Esta Revolución ha tenido que librar un sinnúmero de batallas, gestas heroicas no han faltado. Chávez tiene su “Caracazo” con el que estimula los ánimos de las masas su recordación: esa gloriosa muchedumbre asalariada de remeras rojas. ¿El Caracazo? Sí, aquella batalla por la democracia que tuvo como principal líder a teniente-coronel Hugo Chávez, como todo un Alejandro Magno moderno le vimos en la primera línea de fuego exponiendo su vida en la lucha por la libertad, sí señores. Pobre del ingrato que haga memoria y recuerde que el héroe venezolano estuvo en su madriguera y a buen recaudo mientras el pueblo recibía los tiros de los militares en las calles de Caracas ese día. Ni lo piensen, ¿eh...? Con lujo de detalles el Comandante nos narra los pormenores de aquella épica batalla, en donde él, y solo él, es el principal protagonista y héroe, al tiempo que cada palabra es acompañada por un inoportuno cacareo de una multitud de seres sin alma dispuestos a morir en batalla por la causa junto a su Comandante en Jefe. ¿Cuál causa? ¿Cuál batalla?
 

Si el Napoleón venezolano goza de su “Caracazo”, el César ecuatoriano precisa de una similar hazaña, ¡la quiere ya! O aténgase a las rabietas.
 

–Dame la gloria, Ricardo, el fuego cruzado no me asusta, me he batido con lagartijas, hormigas y arañas en los campamentos de los Boy Scouts. ¿Existe entrenamiento más rudo que aquel? Imposible. ¡Oh, que tiempos aquellos! Los mejores años de mi combativa vida…
 

–Tranquilo, compañerito presidente, estoy aquí para servirle y complacerle en todo, absolutamente en todo, ¿lo olvidas, acaso?
 

Los canales de tv del mundo difunden la espantosa noticia: El Presidente constitucional del Ecuador ha sido secuestrado, existe un intento de Golpe de Estado. El país está totalmente conmovido, algunos choritos aprovechan las circunstancias para hacer su trabajo. Realmente los hechos se suscitaron de forma tan imprevista que nadie pudo prever cuál sería el desenlace, ¿dije nadie? Pues me equivoqué: Mientras el Gobierno le gritaba al mundo que la vida del Presidente y la institucionalidad del país estaban en peligro, en Carondelet la prioridad era otra: colocar una pantalla gigante en la Plaza de la Independencia y asegurarse que las cámaras de tv capten las imágenes precisas para que nadie se pierda el espectacular rescate del Presiente, ¿Alguien dijo: hechos impredecibles? ¿Alguien escuchó de Joseph Goebbels? Los muertos de aquella barata telenovela no los olvidaremos.
 

Desde arriba ríen de la ingenuidad de la gente, pero también lo hacen de su propia ignorancia, ya que su soberbia no les permite vislumbrar una verdad irrefutable, que hasta las más imponentes y altas torres se derrumban un día: Babel no existe ya, del Imperio Romano no queda más que su turbia historia entremezclada con el mito, Luis XVI perece en la guillotina, y los Romanov pasan a la otra vida bajo un vendaval de balas bolcheviques. Lo ignoran…
 

Pero la noche llega, sí, la romántica y misteriosa noche. La oscuridad trae consigo siniestras mutaciones. Los gnomos y los duendes salen de sus recónditos escondites, y a lo lejos, una sutil melodía sirenaica invita a Ulises a las eternas delicias de un mundo encantado. Más de pronto, de la majestuosa tarima nuestro autoproclamado comandante desaparece, ¿Dónde está? La pobre muchedumbre le busca absorta con su mirada perdida, pero ni la sabia luna responde. ¡Entre las sombras se ha marchado, como lo haría Cenicienta de los brazos de su Príncipe Encantado! Un afeminado militante asalariado con banderín en la mano, como niña con su muñeca, y que hace solo un instante cantaba y reía feliz, se interroga, en vano. ¿Acaso estos pobres ilusos intuirán, al menos, que su aguerrido comandante de las mil y un batallas de cartón, héroe absoluto en la Guerra de las Almohadas a estas alturas ya de la noche habrá dejado su remera verde-limón de campaña, para brindar con cuanto empresario chino se le cruce en el camino por el negocio del siglo que están llevando a cabo?
 

Y que nadie se sorprenda por esta naturaleza camaleónica, ya que éstos son tiempos de sorprendentes mutaciones. Ahí está Ivonne Baki, que comparó a los Castro con bestias, con repugnantes diablos dantescos, y que fue la principal vocera del gobierno neoliberal y corrupto de Gutiérrez en los Estados Unidos, para luego sí, convertirse en la ecologista Ivonne Baki, en la revolucionaria Ivonne Baki, la Madre Teresa de Calcuta regalando besos por dólares. El marxista Lula Da Silva también, ya en el ocaso de su existencia, ha tenido la delicadeza de hacernos una súbita confesión: “Cabellos blancos y responsabilidad –dirá– suponen equilibrio y evolucionar significa ir desde la izquierda hacia la socialdemocracia. No soy marxista, soy metalúrgico”.
 

En Paraguay, un curita de izquierda llega al gobierno de la mano de la CIA. Y en Uruguay, Pepe Mujica llama a la unión de los países latinoamericanos, o para ser más explícitos: de las burguesías latinoamericanas que son quienes realmente gobiernan, demostrando con ello, que no es ya ni la sombra del tupamaro que un día escapó de la fortaleza de Punta Carretas para continuar la lucha, hasta la muerte.
 

Hace casi un siglo José Ingenieros escribió: “Ser viejo es ser mediocre”. Y nuestro citado uruguayo con su ejemplo parece confirmar esta sentencia.

Esta es la nueva izquierda latinoamericana, la revolución al desnudo...




Julio del 2012 

.

No hay comentarios:

Publicar un comentario