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sábado, 30 de noviembre de 2013

Vivian Maier: Una historia apasionante

Historia /



Imagínate que tomas más de 100.000 fotos durante tu vida. Que estas son de una belleza extrema pero tu humilde clase social no te permite revelarlas. Esos 100.000 negativos se venden en una subasta a un estudiante que cree poderlos usar como ayuda en un libro sobre su barrio en el que está trabajando, pero los desestima y sube algunos a internet para venderlos. Se fija en ellos Allan Sekula, crítico y historiador de fotografía y rápidamente se hace con ellos porque son todo un tesoro. Cuando encuentran a la autora de esas magníficas fotografías, ya es demasiado tarde... Esta es la historia de Vivan Maier, una niñera que murió pobre y sola en 2009 y que durante toda su vida se dedicó a fotografiar las calles de Nueva York y Chicago, sus gentes y especialmente a las clases más bajas. Sus fotos tomadas en los 50s y 60s están cargadas de talento e intención: hombres borrachos tirados en las aceras y la playa, niño de grandes ojos y cara sucia, preciosas mujeres reflejadas en aun más bellos edificios, ancianas de mirada desafiante... 100.000 negativos dotados de una modernidad, personalidad y calidad insólitos para la época y situación en que fueron tomados por Vivian Maier, la niñera... la fotógrafa.

Sus padres fueron la francesa Maria Jaussaud y el austríaco Charles Maier. Pasó su infancia entre Francia y Estados Unidos. Hacia 1930 su padre abandonó a su madre y a ella y entonces ellas convivieron una temporada con una pionera de la fotografía, la surrealista Jeanne J. Bertrand. Es posible que ahí naciera su interés y su vocación.

En 1951 con 25 años se mudó a Nueva York y en 1956 a Chicago, donde pasó la mayor parte de su vida.

Maier no revelaba muchos de sus carretes porque no se lo podía permitir. Solo tomaba fotos sin descanso y sin que aparentemente le importara el resultado final. También coleccionaba libros de arte y las esquelas de los periódicos. De una de ellas sacó el relato de una de sus películas en Super 8. Es la historia de una madre y un hijo asesinados. Maier fue con su cámara y rodó primero el supermercado donde la madre trabajaba, luego la casa donde vivía con el hijo, y así, uno a uno, todos los lugares a los que aquellas pobres almas jamás volverían. En una de las cintas que John Maloof encontró, Vivian Maier había grabado su idea del paso de la vida...




Escondía la curiosidad bajo su abrigo de oso. Convirtió las calles de Chicago y Nueva York en un zoo habitado por especies a las que nadie había mirado antes a los ojos. Caminaba camuflada con su silencio entre los gestos de sus vecinos, buscando el instante íntimo. Ellos le dieron su complicidad. Vivian Maier manejaba su cámara en los ratos libres que le dejaba su trabajo como niñera. Saltaba a la calle, como una falsa atrevida, mirando a la cara con su cámara Rolleiflex entre las manos: Vivian Maier murió dos días antes de convertirse en fotógrafa.

Esta refugiada judía francesa, que llegó con 11 años a Nueva York, desaparecía, olvidada, en 2009, a los 83 años de edad, con algunas cuentas pendientes. Los niños a los que había cuidado a lo largo de su vida le devolvieron el favor comprándole un apartamento en Chicago y pagando sus recibos. O casi todos. El del trastero en el que guardaba la memoria inédita acumulaba retrasos, hasta que una casa de subastas sacó a la venta los montones de valijas. En sus tripas escondían 100.000 negativos.

Un joven de 27 años, desconocedor absoluto de fotografía, compró toda aquella memoria por 400 dólares y se la llevó al desván de su casa. Cuando se dio cuenta de lo que tenía entre manos, empezó a revelar y digitalizar un archivo que estaba llamado a cambiar los manuales de la historia de la fotografía. Había retratado dos ciudades durante medio siglo y ella seguía escondida en el cuarto oscuro. En silencio. Volvió a los pocos días a googlear el nombre de Maier. Esta vez encontró su obituario publicado en el Chicago Tribune, con escuetos datos que empezó a desmenuzar hasta reconstruir someramente la vida de un fantasma. Ella moría, era el turno de su memoria. Fallecía la huraña Vivian, nacía la fotógrafa Maier.













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